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Cómo elegir pareja para un Bulldog Francés

Elegir pareja para un Bulldog Francés se parece bastante poco a organizar una boda. Que los dos sean preciosos, tengan buen carácter y queden estupendamente juntos en una foto todavía no significa que deban tener hijos.

Antes de buscar macho para una hembra — o hembra para un macho — hay una pregunta mucho más útil:

¿Qué queremos conseguir con este cruce?

1. Primero, decide para qué quieres criar

«Quiero una cachorra igual que mi perra», «quiero criar un futuro campeón» y «quiero conseguir un color determinado» pueden parecer variaciones de la misma idea. No lo son. Son objetivos diferentes y pueden llevarnos a elegir reproductores completamente distintos.

Quizá queremos conservar una línea que nos gusta. Mejorar estructura, movimiento, respiración o carácter. Mantener un determinado tamaño. Corregir algún punto débil de nuestra hembra. Criar pensando en exposiciones. Trabajar un color concreto. O simplemente nos gustaría tener descendencia de un perro al que adoramos.

Todo eso puede ser un punto de partida. Lo importante es saber cuál es el nuestro antes de empezar a buscar pareja.

Porque si no sabemos qué queremos conseguir, cualquier Bulldog Francés bonito puede parecernos un candidato estupendo. Y así la selección se convierte rápidamente en aquello que precisamente intentábamos evitar: juntar dos perros y esperar a ver qué sale.

2. ¿Mi Bulldog Francés es realmente apto para criar?

Aquí aparece una pregunta bastante menos agradable que «¿qué macho le quedaría bien?»: ¿debería reproducirse mi perro?

Un Bulldog Francés puede ser maravilloso como compañero y no ser un buen reproductor. Son dos profesiones diferentes.

Antes de pensar en pareja conviene mirar al propio perro con algo menos de cariño de propietario y algo más de espíritu crítico de criador. Su estructura, movimiento, respiración, condición física, carácter, edad, desarrollo y conformidad con el estándar cuentan.

También cuentan sus defectos.

No existe el Bulldog Francés perfecto, y encontrar defectos en nuestro perro no significa descartarlo automáticamente de la reproducción. Significa saber exactamente con qué estamos trabajando.

El problema empieza cuando decidimos que nuestro perro no tiene ninguno.

3. No busques pareja: busca lo que le falta a tu perro

Una forma muy sencilla de empezar es hacer dos listas.

Quiero conservar:
la cabeza, el carácter, el tamaño, el cuerpo, el movimiento, la expresión, la pigmentación o cualquier otra característica que consideremos especialmente buena.

Quiero mejorar:
la línea superior, los aplomos, las angulaciones, la longitud del cuerpo, el movimiento, la cola, las proporciones de la cabeza o cualquier punto que no queramos seguir fijando en la siguiente generación.

Ahora sí podemos empezar a mirar posibles reproductores.

Pero no se trata simplemente de encontrar un perro que no tenga los defectos del nuestro. Si queremos mejorar una característica concreta, interesa buscar un ejemplar que destaque en ella y, siempre que sea posible, comprobar que esa cualidad no apareció por casualidad en un solo perro, sino que también está presente en su familia o en su descendencia.

Porque en cría importa mucho el perro que vemos delante.

Pero también importa muchísimo lo que ese perro es capaz de transmitir.

4. ¿Cómo elegir un cruce para mejorar un defecto?

Puedes elegir al novio porque tiene las cejas en forma de casita, una expresión irresistible y sale precioso en las fotos. Pero, desde el momento en que decides criar, conviene añadir a la selección algo un poco menos sentimental: el estándar del Bulldog Francés.

El estándar no sirve únicamente para decidir quién gana una exposición. Describe cómo debe estar construido el perro, cómo debe moverse, qué proporciones necesita y qué características se consideran defectos o incluso motivos de descalificación. Es, por tanto, un buen punto de partida para evaluar qué queremos conservar y qué debemos intentar mejorar.

Ahora bien, mejorar un defecto no consiste en buscar su extremo contrario.

Si una hembra es demasiado larga, cruzarla con el macho más corto que encontremos no garantiza cachorros de longitud perfecta. Si es pequeña, elegir un macho enorme tampoco convierte la camada en una media aritmética. Los genes no trabajan con una cinta métrica ni reparten la diferencia educadamente entre los padres.

La mayoría de los rasgos morfológicos —tamaño, proporciones, cabeza, angulaciones, movimiento o forma del cuerpo— dependen de muchos genes y también del desarrollo. Por eso no podemos predecirlos como un color determinado por una combinación genética sencilla.

Lo que sí podemos hacer es aumentar las probabilidades.

Para mejorar un punto concreto conviene elegir un reproductor que:

  • sea claramente correcto en esa característica;

  • no presente otros defectos importantes que compliquen la selección;

  • proceda de una familia en la que ese rasgo aparezca con regularidad;

  • y, si ya tiene descendencia, haya demostrado que es capaz de transmitirlo.

Defectos que pueden repetirse en la descendencia

Esta tabla no promete resultados ni convierte la cría en una receta. Resume algunos rasgos que suelen mostrar un componente hereditario y que merecen especial atención al elegir pareja.

 

Punto que queremos mejorar                  Qué no conviene hacer                          Qué interesa buscar                .

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Cuerpo demasiado largo o proporciones incorrectas                 Elegir simplemente al perro más corto disponible                                         Un ejemplar bien proporcionado 

Línea superior débil o incorrecta                                                                Confiar en una sola fotografía bien colocada                                                Buena línea superior en reposo y movimiento 

Aplomos deficientes                                                                     Pensar que el otro progenitor los “compensará” automáticamente                   Extremidades correctas, hueso adecuado 

Angulaciones pobres                                                                                        Buscar un extremo exageradamente angulado                                            Angulaciones funcionales y equilibradas 

Pecho estrecho o estructura débil                                                            Elegir únicamente por volumen o peso                                                              Caja torácica correcta, hueso suficiente  

Cabeza poco típica                                                                                     Escoger la cabeza más grande sin mirar el resto del perro                      Cabeza proporcionada, expresión racial, cráneo                                                                                                                                                                                                                                                                                                     y hocico correctos, sin exageraciones

Hocico excesivamente corto                                                   Seleccionar todavía más “cara plana” porque parece más típica                                       Hocico visible, narinas abiertas 

Movimiento corto, rígido o inestable                                           Evaluar solamente al perro quieto sobre una mesa                                                 Movimiento libre, regular y equilibrado 

Cola incorrecta o implantación deficiente                                                 Ignorarla porque “casi no se ve”                                                                   Cola e implantación acordes con el estándar 

Tamaño fuera de lo deseado                                                       Cruzar pequeño con enorme esperando obtener un tamaño medio                      Reproductor del tamaño buscado 

Carácter inseguro o agresivo                                                    Pensar que el carácter depende únicamente de la educación                                Temperamento estable en el reproductor

Hay rasgos que pueden aparecer una vez por una combinación desafortunada. Otros se repiten con una puntualidad que casi parece sentido del humor familiar. Por eso mirar únicamente al candidato resulta insuficiente.

Un macho magnífico puede ser la excepción de su camada. En cambio, otro algo menos espectacular puede pertenecer a una familia muy uniforme y transmitir con mucha más regularidad aquello que buscamos.

Así que, antes de elegir pareja, conviene preguntar:

¿Este perro solamente tiene la característica que quiero o también suele transmitirla?

La primera respuesta se obtiene mirando al perro.

Para la segunda hay que mirar su pedigrí, sus familiares y sus hijos.

5. ¿Se puede conseguir un cachorro igual a su madre?

Una de las frases más frecuentes al planificar una camada es:

«No quiero cambiar nada. Sólo quiero una cachorra exactamente igual que mi perra.»

Misma cabeza, mismo cuerpo, mismo carácter, misma expresión y, si es posible, la misma costumbre de ocupar la almohada y dejar al propietario en veinte centímetros de cama.

El problema es que la genética no es una fotocopiadora y tampoco es matemática exacta.

Cada cachorro recibe aproximadamente la mitad de su material genético de la madre y la otra mitad del padre, pero no recibe una mitad cuidadosamente escogida para cumplir nuestros deseos. En cada óvulo y cada espermatozoide se produce una combinación distinta. Por eso los hermanos de una misma camada pueden parecerse mucho, poco o casi nada, aunque tengan exactamente los mismos padres.

Podemos aumentar las probabilidades de conservar determinadas características. Para eso estudiamos a la madre, elegimos un macho compatible, observamos sus familias y buscamos rasgos que se repitan de forma estable en ambas líneas.

Lo que no podemos hacer es pedir:

una copia de la madre, pero con el defecto corregido, el color cambiado y dos centímetros menos de altura.

La genética suele recibir este tipo de encargos con bastante indiferencia.

Ni siquiera un clon es una copia perfecta

Para entender hasta qué punto el resultado no depende únicamente

de la secuencia del ADN, basta mirar la clonación.

Un perro clonado posee un genoma nuclear prácticamente idéntico

al del animal donante. Aun así, no tiene por qué ser idéntico

en todos sus rasgos físicos, su salud, su desarrollo ni su comportamiento.

Durante el desarrollo intervienen la regulación de los genes, los procesos epigenéticos, el ambiente uterino, la alimentación, las experiencias y una larga lista de pequeños accidentes biológicos. Estudios con perros clonados han encontrado una gran similitud genética, pero también diferencias fenotípicas incluso entre clones procedentes del mismo donante.

Y el carácter plantea todavía más dificultades. Los genes influyen, por supuesto, pero también lo hacen la madre que cría al cachorro, la socialización, el entorno, el aprendizaje y las experiencias individuales.

Así que incluso pagando por clonar a tu perro podrías obtener un animal genéticamente muy próximo, pero no recuperar exactamente al mismo perro.

Mucho menos podemos exigir una réplica exacta mediante una reproducción normal, en la que participa además la mitad genética de otro individuo.

Entonces, ¿qué podemos esperar?

Podemos intentar obtener cachorros que conserven el tipo, las proporciones, el temperamento o determinados rasgos de una línea.

Podemos buscar un macho que complemente bien a nuestra hembra y que proceda de una familia en la que aparezcan las características que queremos conservar.

También podemos estudiar camadas anteriores y observar qué transmite cada reproductor.

Pero el resultado seguirá siendo una combinación nueva.

A veces nace un cachorro que recuerda muchísimo a su madre. Otro puede parecerse al abuelo. Y otro recupera con entusiasmo una característica que nadie recordaba haber invitado a la camada.

Por eso, en cría, no trabajamos con garantías de fabricación.

Trabajamos con probabilidades, selección, experiencia y una genética que siempre se reserva el derecho a improvisar.

6. El pedigrí: cuando elegir pareja significa mirar más allá de los padres

Hasta ahora hemos mirado a nuestra hembra, al posible macho y a lo que queremos conseguir. Pero si nos detenemos ahí, estamos viendo solamente dos perros de una historia bastante más larga.

Un reproductor no transmite su fotografía.

Transmite una combinación de genes que recibió de sus padres, abuelos y generaciones anteriores. Algunas de sus características se ven perfectamente. Otras pueden llevar varias generaciones escondidas y reaparecer justo cuando ya habíamos decidido que aquello «en nuestra línea no existe».

Por eso, cuando elegimos una pareja, el pedigrí no debería servir únicamente para comprobar que los perros no son parientes cercanos o para contar campeones.

¿Para qué sirve el pedigrí de un perro?

Un pedigrí es, en esencia, un mapa de la familia.

Nos permite saber qué perros hay detrás de nuestro reproductor y empezar a buscar información sobre ellos: cómo eran, qué tamaño tenían, cuánto vivieron, qué carácter mostraban, qué defectos aparecieron, qué produjeron y qué características se repiten en la familia.

Un campeón en la cuarta generación queda muy bonito impreso en rojo.

Para criar resulta bastante más interesante saber qué produjo.

¿Cómo saber qué transmite un macho?

Mirándolo, no podemos.

Podemos saber cómo es él. Eso no es exactamente lo mismo.

Imaginemos un macho con una cabeza magnífica. Puede proceder de una familia en la que padres, hermanos, abuelos y anteriores descendientes muestran cabezas muy similares. En ese caso tenemos buenas razones para pensar que existe una tendencia familiar bastante estable.

Pero también puede ser el único de seis hermanos que salió así, mientras el resto de la familia presenta un tipo completamente diferente.

Los dos machos tienen la misma cabeza delante de nuestros ojos.

Como reproductores, no necesariamente tienen el mismo valor para ese objetivo.

Por eso, si un perro ya tiene hijos, merece la pena mirarlos. Y no solamente al cachorro espectacular que aparece en su publicidad.

Hay que intentar ver camadas completas y descendencia con diferentes hembras.

Si determinado rasgo sigue apareciendo con madres distintas, empezamos a tener información mucho más interesante sobre lo que ese reproductor puede aportar.

Hermanos, padres y abuelos también cuentan

Cuando un perro todavía no tiene descendencia, su familia adquiere todavía más importancia.

Los hermanos completos nos permiten ver otras combinaciones de prácticamente el mismo material familiar. Los medios hermanos pueden enseñarnos qué aparece repetidamente a través de uno de los progenitores. Padres y abuelos ayudan a seguir características a través de generaciones.

Y aquí el pedigrí deja de ser una lista de nombres impronunciables y empieza a resultar útil.

Si encontramos el mismo tipo, la misma estructura, el mismo tamaño o incluso el mismo defecto repetido entre familiares, ya tenemos una pista. No una garantía. Una pista.

En selección, unas cuantas pistas que apuntan todas en la misma dirección valen bastante más que una fotografía perfecta.

¿Es malo cruzar perros emparentados?

Aquí aparece inevitablemente otra palabra: consanguinidad.

Encontrar el mismo perro varias veces en un pedigrí no es automáticamente un error. La cría de razas puras se ha construido mediante selección dentro de poblaciones cerradas y cierto grado de parentesco existe, tarde o temprano, en cualquier raza. Además, la consanguinidad se ha utilizado históricamente para fijar características. Y funciona.

El pequeño inconveniente es que no pregunta cuáles queríamos fijar.

Al aumentar la homocigosis podemos hacer más previsibles ciertos rasgos deseables, pero también aumentamos la posibilidad de que coincidan variantes recesivas perjudiciales y de sacar a la luz problemas que antes permanecían ocultos.

Por eso «tienen un antepasado común» aporta muy poca información por sí solo. Importa quién es ese antepasado, cuántas veces aparece, dónde aparece y qué sabemos de la familia que estamos concentrando.

El número puede calcularse. Decidir si ese parentesco tiene sentido exige conocer los perros.

Un pedigrí no sustituye a conocer la línea

Podemos tener cinco generaciones impresas delante y seguir sabiendo muy poco.

Los nombres no nos dicen cómo respiraban esos perros, cómo se movían, qué carácter tenían, cuánto medían ni qué producían. Por eso un buen pedigrí no es necesariamente el que tiene más títulos.

Es aquel del que el criador puede explicar qué hay detrás de los nombres.

Y cuanto más sabemos de esas generaciones, menos dependemos de la estrategia reproductiva conocida como:

«Los dos me gustan. A ver qué sale.»

7. ¿Cómo elegir pareja para conseguir un color concreto?

Querer conseguir un color determinado es una meta de selección perfectamente válida. El problema empieza cuando el color deja de ser uno de los criterios y se convierte en el único.

Si queremos criar blue, lilac, tan, cream o cualquier otra combinación, primero necesitamos saber qué genes lleva cada reproductor y qué combinaciones pueden producir juntos. Dos perros del color que nos gusta no necesariamente producirán cachorros de ese mismo color, y dos perros que visualmente no lo muestran pueden llevar exactamente la combinación que estábamos buscando.

Aquí los test genéticos resultan muy útiles.

Pero hay una pequeña trampa: encontrar el color deseado puede ser relativamente fácil. Encontrarlo dentro de un buen Bulldog Francés ya requiere algo más de trabajo.

Podemos tener delante un macho que genéticamente nos ofrece exactamente la camada de colores que queríamos y, al mismo tiempo, no ser el reproductor que elegiríamos por estructura, movimiento, carácter o tipo.

Entonces toca decidir qué estamos criando: un Bulldog Francés de determinado color o un determinado color con cuatro patas.

A veces merece la pena renunciar al resultado inmediato, introducir primero las características que necesitamos y trabajar el color una o varias generaciones después.

Porque la selección no tiene obligación de resolver todos nuestros deseos en una sola camada.

Primero buscamos un Bulldog Francés que merezca la pena criar. Después podemos discutir de qué color nos gustaría pintarlo la genética.

Y para saber qué colores pueden salir realmente de cada combinación, aquí ya sí merece la pena abandonar las suposiciones y entrar en la genética del color del Bulldog Francés.

8. Antes de la monta: el último filtro

Sobre el papel ya tenemos una pareja estupenda.

Hemos decidido qué queremos conseguir, evaluado a nuestros perros con algo menos de amor ciego, revisado el estándar, estudiado el pedigrí, observado familiares y descendencia y hasta calculado qué colores podrían aparecer.

Ahora conviene guardar durante un momento las fotografías, los títulos y los planes para la futura camada.

Porque todavía falta una pregunta bastante importante:

¿Deben reproducirse estos dos perros desde el punto de vista de la salud?

Un Bulldog Francés puede ser precioso, tener un carácter magnífico y proceder de una línea impresionante. Eso no garantiza que esté en condiciones adecuadas para criar ni que sea compatible con el reproductor elegido.

Antes de la monta hay que comprobar el estado general de ambos perros, su capacidad respiratoria y reproductiva, revisar sus antecedentes clínicos y realizar las pruebas veterinarias y genéticas que correspondan.

Y aquí aparece otra trampa frecuente: un resultado genético favorable no convierte automáticamente a un perro en un reproductor sano.

Los análisis de ADN detectan determinadas variantes conocidas. No evalúan por sí solos la respiración, la columna, las articulaciones, el corazón, la movilidad ni todos los demás problemas que pueden afectar a la raza. Del mismo modo, una revisión veterinaria normal no revela necesariamente qué variantes hereditarias puede transmitir un perro.

Por eso no se trata de elegir entre pruebas genéticas o revisión clínica.

Se necesitan ambas cosas, interpretadas dentro del historial del perro, su familia y la pareja concreta que estamos estudiando.

A veces los resultados confirman que hemos elegido bien.

Y otras veces esa pareja perfecta, cuidadosamente seleccionada durante meses, deja de ser perfecta en cuanto abrimos los informes veterinarios.

Es una faena.

Pero bastante menor que descubrirlo después de que nazcan los cachorros.

La pareja ya está elegida. Ahora toca comprobar si también es una buena pareja para la genética y la salud.

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