
Desparasitación y parásitos del Bulldog Francés
Por desgracia, no sólo los humanos quieren vivir con un Bulldog. 😄
Pulgas, garrapatas, mosquitos, lombrices intestinales…
Nuestro Bulldog puede tener una familia estupenda, una cama propia, juguetes, comida de calidad y probablemente más mantas que algunos seres humanos.
Y aun así habrá criaturas dispuestas a instalarse en él sin invitación y sin pagar alquiler.
Por suerte, la mayoría de estos problemas pueden prevenirse o mantenerse bajo control bastante bien.
Lo primero es entender que cuando decimos «desparasitar» estamos metiendo en una sola palabra varias cosas bastante diferentes.
Los parásitos no son un problema de «perros descuidados»
Ésta es probablemente una de las ideas más importantes de toda la página.
Un perro puede vivir en una casa impecable, dormir en sábanas recién lavadas, comer en un cuenco que brilla más que nuestros platos y recibir mejores cuidados que algunos miembros de la familia.
Y aun así puede tener parásitos.
Porque las pulgas no preguntan cuánto costó su cama, las garrapatas no consultan el historial veterinario antes de subir y los mosquitos, francamente, tienen muy poco respeto por la higiene doméstica.
A veces escuchamos:
«Mi perro nunca ha tenido parásitos.»
Puede ser.
Pero si alguien ha tenido perros durante muchos años y asegura que jamás ha visto una pulga, una garrapata, un gusano ni nada remotamente sospechoso…
quizá su perro sea extraordinario.
O quizá el propietario tenga la nariz un poco más larga de lo que parece. 😄
Tener parásitos alguna vez no convierte a nadie en mal propietario.
No prevenirlos, no mirar y no hacer nada cuando aparecen ya es otra cuestión.
Parásitos de fuera y parásitos de dentro
Para entendernos sin convertir esta página en una clase de parasitología, podemos dividirlos en dos grandes grupos.
Parásitos externos: viven sobre la piel o se alimentan desde ella.
Aquí encontramos principalmente pulgas, garrapatas y algunos ácaros. Y también nos interesan los mosquitos y flebotomos: no se mudan al perro con todas sus pertenencias, pero pueden transmitir enfermedades.
Parásitos internos: viven dentro del organismo.
Aquí entran diferentes gusanos intestinales y otros parásitos capaces de afectar al aparato digestivo, los pulmones, el corazón u otros órganos.
Por eso una pipeta contra pulgas no significa necesariamente que el perro esté protegido contra los parásitos internos.
Y una pastilla contra determinados gusanos tampoco convierte al Bulldog en una fortaleza inexpugnable frente a garrapatas, mosquitos y compañía.
La pregunta correcta no es sólo:
«¿Está desparasitado?»
Sino:
«¿Contra qué está protegido?»
Empecemos por los pasajeros de fuera
Antes de ocuparnos de quienes prefieren instalarse dentro del Bulldog,
vamos a conocer a los que viajan por fuera.
Pulgas, garrapatas, ácaros, piojos… Algunos llegan, comen y se marchan.
Otros encuentran alojamiento, forman una familia y aparentemente empiezan
a considerar al perro una propiedad heredada de sus abuelos. 😄
Son los parásitos externos o ectoparásitos.
Vamos a ver quiénes son, cómo podemos sospechar que están ahí y,
sobre todo, cómo conseguir que nuestro Bulldog deje de funcionar como hotel.
Pulgas: pequeñas, rápidas y muy poco educadas
A veces esperamos encontrar al perro completamente cubierto de pulgas.
Normalmente no funciona así.
Una sola pulga puede ser suficiente para provocar bastante picor en un perro sensible, y algunos desarrollan una reacción importante a su saliva.
Además, las pulgas no pasan toda su vida encima del perro.
Huevos y fases inmaduras pueden encontrarse en el ambiente: camas, alfombras, sofás, grietas…
Por eso, cuando existe una infestación, tratar únicamente al Bulldog mientras el resto de la familia de pulgas celebra una reunión debajo del sofá suele dar resultados bastante decepcionantes.
Conviene prestar atención a:
-
picor;
-
mordisqueo de la piel;
-
pequeñas costras;
-
pérdida de pelo;
-
puntitos negros entre el pelo;
-
irritación especialmente alrededor del lomo y la base de la cola.
Y sí: un perro que vive principalmente dentro de casa también puede tener pulgas.
Las pulgas, lamentablemente, no preguntan si tenemos jardín.

¿Se rasca y pierde pelo? No siempre son parásitos
Cuando un Bulldog empieza a rascarse mucho, aparecen zonas con menos pelo o incluso pequeñas calvas, lo primero que solemos pensar es: «Tiene pulgas.» Puede ser. Pero no necesariamente.
El picor y la pérdida localizada de pelo pueden tener muchas causas: alergias, dermatitis, infecciones bacterianas o por levaduras, irritación de los pliegues, problemas relacionados con la humedad de la piel y, por supuesto, también distintos parásitos.
Además, algunos ácaros son microscópicos. No vamos a encontrarlos apartando el pelo y mirando con mucha concentración. 😄 Por eso, si el perro se rasca de forma persistente, se lame mucho, aparecen calvas, costras, enrojecimiento, mal olor o lesiones en la piel, no conviene empezar a probar antiparasitarios al azar.
Primero hay que averiguar qué está pasando.
Porque tratar durante tres semanas unas «pulgas» que nunca existieron no suele impresionar demasiado a una alergia.

Garrapatas: mejor encontrarlas antes que después
Después de pasear por campo, monte, zonas con hierba alta o vegetación, merece la pena hacer una revisión rápida.
No requiere una inspección veterinaria de cuarenta minutos.
Pasamos las manos por el perro y miramos especialmente:
-
cabeza y cuello;
-
detrás de las orejas;
-
axilas;
-
ingles;
-
entre los dedos;
-
alrededor de la cola.
En un Bulldog de pelo corto tenemos una ventaja: no hay demasiada selva donde esconderse.
Si encontramos una garrapata adherida, hay que retirarla correctamente con una herramienta apropiada, agarrándola cerca de la piel y evitando remedios caseros destinados a convencerla mediante aceite, alcohol, fuego o negociaciones diplomáticas.
Si no sabemos hacerlo, el veterinario puede enseñarnos en aproximadamente el tiempo que tarda el Bulldog en intentar comerse algo del suelo de la consulta.

Mosquitos: aquí la cosa se pone más seria
En España este apartado merece especial atención.
Los mosquitos pueden transmitir leishmaniosis y, dependiendo del mosquito y del parásito implicado, otras enfermedades como la dirofilariosis.
No significa que cada mosquito que vemos sobre el perro lleve una enfermedad.
Significa que la prevención debe adaptarse a la zona donde vive el perro y a los lugares donde viaja.
Y esto es importante.
Un perro no lleva alrededor de casa una frontera sanitaria invisible.
Puede ir de vacaciones, pasar unos días en otra región, viajar con nosotros o cambiar de residencia.
Por eso el plan antiparasitario debe tener en cuenta su vida real, no únicamente su código postal.
Leishmania: no es «un problema de otros perros»
La leishmaniosis está presente en España y se transmite principalmente mediante la picadura de flebotomos infectados.
La protección puede incluir distintas medidas según el perro y la zona: productos repelentes, controles veterinarios y otras estrategias preventivas.
Ninguna medida convierte al perro en invulnerable.
Pero reducir la exposición y realizar los controles recomendados cambia mucho el panorama.
Si vivimos en una zona de riesgo, merece la pena hablar con nuestro veterinario y establecer un plan concreto.
Piojos y otros pequeños okupas del pelo
Los perros también pueden tener piojos y piojos masticadores, aunque hoy los vemos con menos frecuencia que pulgas o garrapatas.
Y no, normalmente no significa que el perro haya decidido compartir nuestros piojos.
Los piojos de los perros están adaptados a los perros y no son los mismos que los piojos humanos.
Algunos se alimentan de sangre; otros —los llamados piojos masticadores— viven entre el pelo y se alimentan principalmente de restos de piel y secreciones.
Pueden provocar picor, rascado, pelo apagado o deteriorado, descamación, pequeñas lesiones y zonas con pérdida de pelo. En infestaciones importantes, especialmente en cachorros o animales debilitados, el problema puede ser mucho más evidente.
A diferencia de algunos ácaros microscópicos, éstos sí podemos llegar a verlos. También pueden observarse sus huevos —las liendres— firmemente adheridos al pelo.
Y aquí tenemos una pista útil: una escama de caspa suele desprenderse con relativa facilidad.
Una liendre tiene bastante menos intención de abandonar su vivienda. 😄
Se transmiten principalmente mediante contacto estrecho entre perros y también pueden pasar a través de camas, mantas, cepillos u otros objetos contaminados.
Si encontramos algo sospechoso moviéndose entre el pelo, no hace falta organizar inmediatamente una operación militar en el cuarto de baño. Conviene identificar primero qué tenemos delante y utilizar un antiparasitario adecuado para ese parásito y para ese perro.
Porque «pequeño, desagradable y vive en el pelo» todavía no es un diagnóstico. 😄

¿Y si no son parásitos? También pueden ser hongos
Las infecciones por hongos también pueden provocar pérdida de pelo, descamación, costras, enrojecimiento y cambios en la piel.
Una de las más conocidas es la dermatofitosis, popularmente llamada tiña.
El nombre puede confundir un poco: no hay ningún gusano implicado. Son hongos que afectan principalmente al pelo y a las capas superficiales de la piel.
A veces aparecen las famosas lesiones más o menos redondas sin pelo que todos asociamos con la tiña. Pero no siempre llega con un círculo perfecto y un cartel que diga:
«Hola. Soy un hongo.» 😄
Puede parecerse a otros problemas dermatológicos, y algunos perros incluso presentan lesiones muy discretas.
Aquí hay además una diferencia importante respecto a muchas otras causas de alopecia: algunos dermatofitos pueden transmitirse a otros animales y también a las personas.
Por eso, ante calvas sospechosas —especialmente si aparecen también lesiones en otros animales o en alguien de la familia— no merece la pena jugar a adivinar.
El veterinario puede necesitar examinar el pelo y la piel y realizar pruebas específicas para saber si realmente hay un hongo y cuál es.
Porque una calva puede parecer una cosa y ser otra completamente distinta.
Y el Bulldog, por desgracia, no viene con subtítulos. 😄
Ahora conozcamos a los que prefieren viajar dentro
Con los pasajeros de fuera ya hemos terminado.
Pero algunos parásitos han elegido una estrategia bastante más discreta...:
nada de viajar agarrados al pelo y arriesgarse a que los encontremos
durante el cepillado. Ellos prefieren alojamiento interior.
Intestino, pulmones, corazón…
el destino depende de quién haya conseguido entrar.
Y aquí empieza lo interesante, porque bajo la expresión «parásitos internos»
estamos metiendo huéspedes bastante diferentes.
Hay gusanos intestinales relativamente comunes, como algunos nematodos,
que en muchos casos pueden eliminarse con un antiparasitario adecuado.
Entra el huésped, administramos el producto correcto y esperamos que abandone el hotel sin dejar una reseña. 😄
Luego tenemos otros, como las tenias, cuya eliminación puede ser sencilla con el medicamento apropiado, pero donde existe otra pregunta importante:
¿Cómo llegó hasta aquí?
Por ejemplo, una de las tenias más frecuentes del perro, Dipylidium caninum, utiliza a la pulga como intermediaria. Podemos eliminar la tenia perfectamente y, si dejamos las pulgas organizando el transporte, volver a encontrarnos con el mismo huésped más adelante.
Así que algunas veces no basta con echar al ocupa.
También hay que cerrar la agencia inmobiliaria que le consiguió el piso. 😄
Y después están los parásitos que directamente han elegido otra dirección. La Dirofilaria, conocida como gusano del corazón, no necesita una pulga ni espera que el perro se coma nada extraño: viaja mediante mosquitos. Por eso proteger frente a los parásitos internos no siempre significa simplemente «dar una pastilla para las lombrices».
Pero todavía podemos complicarlo un poco más.
Y algunos ni siquiera son gusanos
Cuando decimos «parásitos internos», mucha gente imagina inmediatamente un gusano.
Pues no siempre.
Giardia, por ejemplo, es un parásito microscópico unicelular. No veremos una lombriz en las heces saludándonos desde abajo. 😄
Puede provocar diarrea, heces blandas o intermitentes, molestias digestivas y, especialmente en lugares donde conviven varios perros, convertirse en una visitante bastante pesada.
Y aquí el tratamiento no siempre termina con:
pastilla → parásito muerto → asunto resuelto.
Puede ser necesario tratar al perro según indique el veterinario y, al mismo tiempo, prestar atención a la higiene, retirar rápidamente las heces, limpiar zonas contaminadas y evitar que el animal vuelva a exponerse.
Porque Giardia tiene una habilidad particularmente irritante:
puedes echar al ocupa por la puerta y descubrir que ya había dejado una copia de las llaves fuera. 😄
No todos los pasajeros se echan de la misma manera
Ahora se entiende mejor por qué la respuesta a esta pregunta no puede ser simplemente:
«Cada X meses.»
No todos los parásitos llegan de la misma manera, no todos viven en el mismo sitio y no todos se previenen o se eliminan con el mismo producto.
Un Bulldog que sale con correa por ciudad no tiene exactamente el mismo riesgo que otro que vive con muchos perros, viaja, frecuenta parques, come cosas del suelo, recibe alimentación cruda o considera que todo lo encontrado durante un paseo merece al menos una pequeña degustación.
Por eso tiene mucho más sentido establecer un programa de control parasitario adaptado al perro, su entorno y su forma de vida que confiar en una única pastilla como si llevara escrito:
«Contra absolutamente todo lo que pueda intentar vivir dentro de mi Bulldog.»
Esa pastilla, por desgracia, todavía no existe. 😄

Cachorros: aquí vigilamos un poco más
Los cachorros merecen atención especial.
Pueden adquirir algunos parásitos muy pronto y una carga parasitaria que en un adulto apenas produce síntomas puede afectar bastante más a un cachorro pequeño.
Además, diarrea, barriga distendida, mala ganancia de peso o pelo apagado pueden tener muchas causas, y los parásitos son una de las posibilidades que el veterinario puede querer descartar.
Por eso durante los primeros meses normalmente se establece un calendario específico de desparasitación y controles.
No conviene copiar simplemente el calendario del Bulldog adulto de la vecina.
El cachorro todavía está estrenando perro.
«Pero yo no veo gusanos»
Perfecto.
Nos alegramos todos. 😄
Pero no verlos no demuestra que no existan.
Muchos parásitos o sus huevos son microscópicos, y algunos perros infectados pueden mostrar pocos síntomas o ninguno.
Cuando existe una sospecha, el análisis de heces puede aportar mucha más información que observar atentamente cada deposición esperando que algo nos salude.
¿Desparasitar o analizar?
No siempre tiene que ser una elección entre una cosa y otra.
Según el riesgo del perro, el veterinario puede recomendar tratamientos periódicos, análisis de heces o una combinación de ambas estrategias.
El objetivo no es administrar medicamentos «por si acaso» sin pensar.
El objetivo es mantener un control razonable del riesgo parasitario.
Una pastilla no protege contra todo
Este punto merece quedarse grabado.
Existen comprimidos, pipetas, collares y otros productos antiparasitarios.
Pero no todos cubren los mismos parásitos ni durante el mismo tiempo.
Antes de utilizar uno conviene saber:
qué parásitos cubre → cuánto dura → para qué peso está indicado → si existen contraindicaciones → cuándo toca repetirlo.
Guardar la caja o hacer una foto con el móvil evita posteriormente conversaciones del tipo:
— ¿Qué le diste?
— Una pastilla.
— ¿Cuál?
— Blanca.
Magnífico. La investigación avanza. 😄
Si tenemos varios animales en casa
Aquí las cosas se vuelven un poco más interesantes.
Cuando conviven varios perros —o perros y gatos— el plan debe contemplar a todos los animales, porque tratar uno mientras dejamos sin protección al resto puede no resolver el problema.
Además, algunos productos seguros para perros pueden ser peligrosos para gatos.
Así que nada de repartir pipetas siguiendo el principio:
«Ésta parece más o menos del tamaño correcto.»
Cada producto para la especie y el peso para los que está indicado.
¿Y si encuentro una pulga o una garrapata?
No significa automáticamente que la prevención haya sido inútil.
Algunos productos actúan después de que el parásito entre en contacto con el perro o empiece a alimentarse; otros tienen efecto repelente.
Son mecanismos diferentes.
Pero si encontramos parásitos repetidamente, merece la pena revisar:
-
si el producto se está administrando correctamente;
-
si ha pasado su periodo de protección;
-
si corresponde al peso actual;
-
si cubre precisamente ese parásito;
-
y si también necesitamos actuar sobre el ambiente.
¿Cuándo hablamos con el veterinario?
Además de organizar el programa preventivo, conviene consultar si aparecen:
-
diarrea persistente;
-
sangre en las heces;
-
vómitos repetidos;
-
pérdida de peso;
-
abdomen anormalmente distendido;
-
picor intenso;
-
lesiones de piel;
-
debilidad;
-
encías pálidas;
-
tos o dificultad respiratoria;
-
fiebre o apatía después de una picadura;
-
o cualquier cambio importante que coincida con la presencia de parásitos.
Y con un cachorro pequeño, como ya vimos en nuestra página sobre el veterinario, el margen para esperar es menor.
Entonces… ¿cada cuánto desparasito a mi Bulldog?
No necesitamos convertir la cocina en un calendario farmacéutico. Necesitamos un plan.
Dependerá de: dónde vive + dónde pasea + con quién convive + qué come + dónde viaja + qué productos utiliza + qué riesgo tiene.
El veterinario puede ayudarnos a decidir la frecuencia y el tipo de protección adecuados.
Y una vez decidido, lo más difícil suele ser algo muchísimo menos científico:
acordarse de cuándo tocaba la siguiente dosis. 😄 Porque los parásitos tienen muchas cualidades desagradables.
La puntualidad, por desgracia, suele ser una de ellas.
¿Seguimos?
La protección frente a parásitos forma parte de los primeros cuidados del cachorro, junto con las vacunas y el momento adecuado para empezar a conocer el mundo.