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Genética de colores del Bulldog Francés: del estándar FCI a los colores modernos

¿Quiere una respuesta rápida? Empiece por la tabla.

En ella encontrará los principales genes, loci y combinaciones que intervienen en los colores del Bulldog Francés

y podrá ver rápidamente qué significan resultados como d/d, b/b, co/co o e/e.

 

Pero si todas esas letras todavía parecen un pequeño jeroglífico genético, no se preocupe.

Debajo de la tabla vamos a desmontarlo todo paso a paso.

Empezaremos por lo más sencillo —qué recibe un cachorro de su padre y de su madre— y,

a partir de un Bulldog negro, iremos construyendo Blue, Chocolate, Cocoa, Lilac, Isabella, New Shade, Tan, Trindle, Merle, Pied, Cream, Platinum y Pink.

Al terminar, nombres que ahora parecen complicados empezarán a leerse casi como una fórmula.

Cómo leer un test genético de color del Bulldog Francés

bulldog_frances_guia_genetica_color

Importante: un resultado genético no se interpreta de forma aislada

 

Esta tabla sirve como guía para entender las letras que podemos encontrar en un test genético, pero no debemos leer cada locus como si funcionara de manera independiente. El color final del perro es el resultado de la interacción entre varios genes.

Un buen ejemplo es el locus K. La variante kbr está relacionada con el patrón brindle, mientras que ky/ky permite que puedan expresarse los patrones determinados por el locus A. Por eso, encontrar at/at en un resultado genético no significa automáticamente que veremos un perro tan: también debemos comprobar qué ocurre en otros loci que pueden permitir, modificar u ocultar su expresión.

Algo parecido sucede con el pied. El locus S está relacionado con la aparición de zonas blancas, pero un resultado genético no nos permite calcular exactamente cuánto blanco tendrá el perro ni dónde aparecerán las manchas. Dos perros con resultados similares pueden presentar distribuciones de blanco muy diferentes.

Con merle la interpretación puede ser todavía más compleja, ya que existen variantes de diferente longitud y su expresión visual puede ir desde un merle muy evidente hasta un patrón tan discreto que prácticamente no se aprecia.

Por eso un test genético no es una fotografía del futuro color del perro. Nos dice qué variantes genéticas hemos encontrado, pero para comprender el resultado debemos interpretar cómo interactúan entre ellas.

Las letras son las piezas. El color que vemos es el resultado de cómo se combinan.

Dos genéticas. Por ahora.

El estándar dice una cosa. El ADN puede producir muchas más.
Y el comprador, como suele ocurrir, no ha leído el estándar. Durante años esto no suponía un gran problema.

Los criadores seleccionaban los colores reconocidos y las exposiciones ayudaban a decidir qué perros continuarían en la cría.

Pero entonces el público empezó a pedir otras cosas. Blue. Chocolate. Lilac. Isabella. Fluffy…

Al principio eran “colores raros”. Después dejaron de ser tan raros.

Y cuando suficientes criadores empiezan a trabajar durante suficientes generaciones con algo que oficialmente

“no debería estar ahí”, ocurre una cosa incómoda: empieza la selección.

Ya no se busca simplemente un lilac. Se busca un buen lilac.

Y ésa es una diferencia enorme.

Porque el estándar puede decidir qué perro entra en un ring.

Lo que no puede decidir es qué perros decide criar la gente durante los próximos veinte años.

Tabla de colores del bulldog francés

El estándar dice una cosa. La calle dice otra.

 

No hace falta hacer un estudio científico.

Abra un portal español de venta de perros como MundoAnimalia y busque Bulldog Francés.

Blue. Lilac. Isabella. Chocolate. Merle. Fluffy. Tan… No están escondidos en la página 47.

Están en la primera. Y aquí viene lo interesante.

En MundoAnimalia no puede anunciar una camada cualquiera. Para publicar como criador es necesario disponer de núcleo zoológico.

Es decir, no estamos mirando únicamente anuncios particulares perdidos en Internet. Estamos mirando la oferta de criadores registrados y autorizados para ejercer esta actividad.

Y una parte muy visible de esa oferta selecciona precisamente características que el estándar FCI no reconoce.

Así que quizá el problema no sea que esos Bulldogs estén fuera de la realidad.

Quizá sea el estándar el que se está quedando fuera de ella. La FCI puede decidir qué perro entra en un ring.

Pero no puede decidir qué perros quiere comprar la gente ni qué características seleccionarán los criadores durante las próximas generaciones. Y entonces aparece una pregunta bastante incómoda:

¿sigue el estándar describiendo la raza que existe, o solamente la parte de la raza que reconoce?

Y los números cuentan la misma historia

 

Si dejamos los anuncios y miramos los registros oficiales, ocurre algo todavía más curioso.

Según los datos de la RSCE, las inscripciones de Bulldog Francés en LOE/RRC fueron:

​

bulldog_frances_inscripciones_LOE_RRC_2015_2022

En siete años, las inscripciones pasaron de 1.702 a 862. Prácticamente la mitad.

Por el momento, no hemos encontrado datos oficiales desglosados por raza para 2024 y 2025 disponibles públicamente, por lo que preferimos detener aquí la comparación antes que completar la serie con estimaciones.

Y conviene recordar qué estamos contando: no todos los Bulldog Francés que nacen en España, sino los perros que entran en los registros LOE/RRC.

Mientras tanto, basta mirar el mercado actual para comprobar que el Bulldog Francés no ha desaparecido precisamente de las casas, de los criaderos ni de la demanda.

Así que quizá no estemos viendo simplemente una raza que pierde popularidad. Quizá estemos viendo una parte cada vez mayor de la cría alejándose del sistema que estamos utilizando para medirla.

¿Y qué ocurrió en las exposiciones?

 

Quisimos comprobar si esa misma tendencia podía verse también dentro del mundo de las exposiciones.

Para ello revisamos los catálogos de exposiciones internacionales CACIB celebradas en España que hemos podido localizar y conservar, y contamos cuántos Bulldog Francés figuraban inscritos.

 

Elegimos dos años anteriores a la pandemia —2018 y 2019— y tres posteriores —2022, 2023 y 2025—,

dejando fuera 2020 y 2021 por las alteraciones evidentes que sufrió el calendario de exposiciones durante la pandemia.

No incluimos exposiciones nacionales CAC ni monográficas de la raza, ya que su dinámica de participación es diferente.

Y hay otra precisión importante: no estamos contando perros únicos, sino inscripciones en exposiciones.

Un mismo perro presentado en tres CACIB cuenta tres veces.

Por tanto, estos datos no pretenden decir cuántos Bulldog Francés de exposición existen en España.

Lo que permiten observar es algo diferente: cómo ha evolucionado la presencia de la raza en las exposiciones internacionales españolas.

bulldog_frances_CACIB_espana_2018_2025

Pero los Bulldogs no han desaparecido

 

Sería fácil mirar las cifras de registros y exposiciones y concluir que simplemente hay menos Bulldog Francés.

Pero basta salir del circuito FCI para descubrir que la historia es bastante más complicada.

En España existen otras organizaciones caninas con sus propios registros, pedigríes, exposiciones y campeonatos. Algunas admiten colores y variedades que la FCI no reconoce, y precisamente allí encontramos Frenchies blue, chocolate, lilac, isabella, merle, New Shade o Fluffy compitiendo y obteniendo títulos.

Es decir, una parte de la raza no ha desaparecido.

Simplemente se ha mudado de ring.

Y fuera del ring FCI ha ocurrido algo todavía más interesante: estos perros llevan ya suficientes generaciones

criándose como para que sus colores hayan dejado de ser simples “rarezas”.

Detrás de un lilac, un isabella o un New Shade no hay magia, ni una paleta de Photoshop. Hay genes. Y para entender cómo hemos llegado hasta aquí, ahora sí tenemos que entrar en la genética del color del Bulldog Francés.

Antes de empezar: una pequeña regla del juego

 

Cada cachorro recibe una copia de cada gen de su madre y otra de su padre.

Algunas variantes son dominantes: basta una copia para que podamos ver su efecto.

Otras son recesivas: pueden viajar durante generaciones sin que nadie las vea.

Un perro puede tener una sola copia de una variante recesiva y no mostrarla exteriormente.

Es lo que llamamos portador. Por ejemplo:

D/D → no diluido
D/d → no diluido, pero portador
d/d → diluido

Por eso dos perros que aparentemente no presentan un determinado color pueden producir un cachorro

que sí lo presenta, si ambos le transmiten la variante recesiva correspondiente.

Y aquí empieza a ponerse interesante. Porque cuando combinamos varios genes, el color que vemos por fuera es solo una parte de la información que lleva el perro por dentro.

 

Dominante no significa «más fuerte»

 

Antes de continuar, conviene aclarar una confusión bastante habitual.

Cuando en genética decimos que una variante es dominante, no queremos decir que sea más fuerte, mejor,

más sana ni más importante.

Y una variante recesiva tampoco es más débil.

Estas palabras describen únicamente qué ocurre cuando el perro recibe dos versiones diferentes de un mismo gen.

Una variante dominante puede mostrar su efecto con una sola copia. Una recesiva, normalmente,

necesita dos copias para hacerse visible. Nada más.

De hecho, una variante recesiva puede pasar silenciosamente de generación en generación.

No la vemos, pero sigue ahí. Y cuando dos portadores se encuentran, puede aparecer de repente en sus cachorros.

Por eso, en genética, lo que vemos no siempre es todo lo que hay.

Empecemos por el negro

 

Y aquí aparece nuestra primera pequeña paradoja.

El negro sólido no forma parte de los colores admitidos por el estándar FCI del Bulldog Francés.

Sin embargo, para entender la genética de muchos de los colores modernos, es probablemente el mejor punto de partida.

Porque antes de convertir un Bulldog en blue, chocolate, cocoa, lilac o isabella, primero necesitamos entender de dónde sale el pigmento negro y qué podemos hacer con él.

En todos los perros existen dos pigmentos básicos: la eumelanina, responsable del pigmento oscuro, y la feomelanina, responsable de los tonos rojos, amarillos y crema.

Y aquí empiezan nuestros interruptores genéticos.

 

Primero: ¿puede expresarse el pigmento oscuro?

 

El locus E (MC1R) participa en la producción y expresión de eumelanina y feomelanina.

Para simplificarlo mucho: antes de preguntarnos qué negro tendrá nuestro Bulldog, primero necesitamos que su genética permita que ese pigmento oscuro se exprese.

Después entra en escena el locus K (CBD103).

Aquí encontramos una pieza especialmente importante para nuestro ejemplo: Kᴮ, asociada al negro dominante.

Con una sola copia puede expresarse:

Kᴮ/Kᴮ → negro dominante
Kᴮ/kʸ → negro dominante

Mientras que:

kʸ/kʸ → permite que entre en juego el locus A

Y el locus A (ASIP) es otro de los grandes responsables de decidir cómo se distribuye la eumelanina.

Por eso E, K y A no funcionan como tres cajas independientes. Interactúan entre sí para decidir

qué pigmentos pueden aparecer y cómo se distribuyen.

Pero para seguir construyendo nuestra paleta no necesitamos resolver ahora todas sus combinaciones.

Nos basta con nuestro Bulldog negro.

Un perro negro puede esconder muchos colores

 

Ahora viene la parte realmente interesante.

Dos Bulldog Francés pueden parecer exactamente igual de negros y, sin embargo, tener genotipos muy diferentes.

Nuestro perro puede ser, por ejemplo:

D/D — no porta dilución.
D/d — sigue siendo negro, pero porta dilución.
d/d — la dilución se expresa y ese negro pasa a verse blue.

También puede ocurrir con el locus B (TYRP1):

B/B — no porta chocolate testable.
B/b — negro portador de chocolate.
b/b — la eumelanina negra se modifica hacia marrón.

Y todavía tenemos otra vía distinta para modificar el pigmento negro: Cocoa, asociada al gen HPS3 y especialmente relevante en el Bulldog Francés.

CO/CO — no porta cocoa.
CO/co — negro portador de cocoa.
co/co — cocoa se expresa y modifica la pigmentación negra hacia marrón.

Así que podemos tener un Bulldog que exteriormente sea simplemente negro y cuyo genotipo incluya:

Kᴮ/– · B/b · CO/co · D/d

A simple vista: NEGRO.

Pero por dentro lleva escondidas tres piezas que utilizaremos dentro de un momento:

chocolate + cocoa + dilución.

Y aquí aparece una de las ideas más importantes para entender los colores modernos del Bulldog Francés:

el color que vemos no nos dice necesariamente todo lo que el perro puede transmitir.

El negro que tenemos delante puede parecer muy sencillo.

Genéticamente, puede ser una auténtica caja de sorpresas.

Del negro al blue: no añadimos azul, diluimos el negro

 

Ya tenemos nuestro Bulldog negro.

Ahora vamos a tocar un solo interruptor: el locus D, asociado al gen MLPH.

Recordemos:

D/D → no diluido
D/d → no diluido, portador
d/d → diluido

Cuando nuestro Bulldog hereda d de ambos padres y se convierte en d/d, la distribución del pigmento cambia

y la eumelanina negra pierde intensidad visual.

El resultado es el color que en el Bulldog Francés llamamos blue.

NEGRO + d/d → BLUE

No hemos añadido ningún pigmento azul.

El perro sigue produciendo eumelanina, pero el efecto de la dilución hace que aquello que genéticamente

habría sido negro se vea gris azulado.

Y hay una forma muy sencilla de comprender hasta dónde llega este efecto: miremos también la nariz.

En un Bulldog negro, la trufa y otras zonas pigmentadas son negras.

En un blue, ese mismo pigmento también está diluido, por lo que la trufa adquiere un tono gris azulado.

Es decir, d/d no pinta el pelo de azul: diluye la eumelanina allí donde aparece.

Y esto nos da una regla que vamos a utilizar muchas veces a partir de ahora:

la dilución no decide cuál es el color de base. Lo modifica.

Por eso d/d sobre una base negra nos da blue.

Pero ¿qué ocurrirá si antes cambiamos el negro por marrón y después aplicamos exactamente la misma dilución?

Ahí aparece nuestra siguiente rama.

Del negro al chocolate: cambiamos el pigmento

 

Volvamos a nuestro Bulldog negro original.

Esta vez no vamos a diluir nada. Dejamos el locus D tranquilo y cambiamos otra pieza: el locus B (TYRP1).

Aquí volvemos a encontrarnos con una herencia recesiva:

B/B → pigmento negro, no porta chocolate testable
B/b → pigmento negro, portador de chocolate
b/b → chocolate

Cuando el perro recibe una copia b de cada progenitor y resulta b/b, cambia la eumelanina.

El pigmento que habría sido negro pasa a ser marrón.

NEGRO + b/b → CHOCOLATE

Y, de nuevo, no cambia solamente el pelo.

La trufa, los labios, los bordes de los párpados y las demás zonas de eumelanina también dejan de ser negras y adquieren pigmentación marrón.

Por eso la nariz vuelve a ser una pista estupenda: si estamos modificando realmente la eumelanina,

la modificación no termina en la punta del pelo.

Hasta aquí parece sencillo.

Negro + dilución → blue.
Negro + chocolate → chocolate.

Pero ahora viene una peculiaridad especialmente interesante del Bulldog Francés.

Porque en esta raza existe otra forma genética de convertir la eumelanina negra en marrón, y no depende de b/b.

Podemos tener un perro genéticamente B/B en el locus B y, sin embargo, verlo marrón.

¿Cómo?

Cocoa: otro camino hacia el marrón

 

Aquí entra en escena otra pieza especialmente interesante en el Bulldog Francés: Cocoa, asociada al gen HPS3.

Y lo primero que tenemos que recordar es que Cocoa y Chocolate no son lo mismo.

Visualmente ambos pueden transformar el pigmento negro en tonos marrones, pero genéticamente

llegan hasta allí por caminos diferentes.

En Cocoa volvemos a tener una variante recesiva:

CO/CO → no cocoa
CO/co → portador de cocoa
co/co → cocoa

Por tanto, podemos partir de un Bulldog negro perfectamente B/B, es decir, que no sea chocolate testable

ni siquiera portador, y cambiar únicamente Cocoa:

NEGRO + co/co → COCOA

La eumelanina negra se modifica y pasa a expresarse en tonos marrones. Y, como ocurría con b/b,

el cambio afecta también a las zonas pigmentadas: trufa, labios y bordes de los párpados.

Así que ahora tenemos dos caminos diferentes desde el negro hacia el marrón:

NEGRO + b/b → CHOCOLATE

NEGRO + co/co → COCOA

A simple vista, distinguirlos no siempre es tan sencillo.

Pero un test genético sí puede decirnos qué camino ha seguido cada perro.

Y aquí nuestra paleta empieza a ponerse realmente interesante.

Porque nada nos obliga a utilizar estos genes por separado.

¿Qué ocurre si un mismo Bulldog hereda b/b y co/co al mismo tiempo?

Ya no tenemos simplemente Chocolate.

Tenemos:

b/b + co/co → NEW SHADE CHOCOLATE

Y acabamos de descubrir una de las reglas que hará mucho más fácil entender todo lo que viene después:

los genes que modifican el color pueden combinarse entre sí.

Ahora solo nos falta recuperar nuestro interruptor de dilución d/d y empezar a combinar las piezas.

Ahí aparecerán Lilac, Isabella y New Shade Isabella.

Cuando empezamos a combinar: Lilac e Isabella

 

Ya tenemos tres piezas diferentes capaces de modificar nuestra eumelanina negra:

b/b → Chocolate
co/co → Cocoa
d/d → Dilución

Hasta ahora las hemos utilizado casi siempre por separado. Ahora vamos a combinarlas.

Empecemos por Cocoa. Sabemos que:

NEGRO + co/co → COCOA

Pero si a ese mismo perro le añadimos dos copias de dilución:

COCOA + d/d → LILAC

O, escrito directamente como combinación genética:

co/co + d/d → LILAC

La dilución actúa ahora sobre una eumelanina que Cocoa ya había transformado.

Por eso el resultado no es blue: el pigmento de partida ya no es negro.

Ahora hagamos exactamente el mismo experimento con Chocolate.

Partimos de:

NEGRO + b/b → CHOCOLATE

Y añadimos:

d/d

El resultado será:

b/b + d/d → ISABELLA

Así que acabamos de obtener dos colores que visualmente pueden parecer próximos,

pero que genéticamente siguen caminos diferentes:

Cocoa + Dilución → Lilac

Chocolate + Dilución → Isabella

Y aquí se ve perfectamente por qué aprender solamente los nombres de los colores sirve de poco.

Lo importante es entender qué piezas estamos combinando.

Pero todavía nos queda una combinación.

Antes habíamos unido nuestros dos caminos hacia el marrón:

b/b + co/co → NEW SHADE CHOCOLATE

¿Qué ocurrirá si ahora también añadimos la dilución?

b/b + co/co + d/d → NEW SHADE ISABELLA

Y con esto, partiendo de un único Bulldog negro, ya hemos construido una buena parte de la paleta moderna:

Negro → Blue
Negro → Chocolate
Negro → Cocoa
Cocoa + Dilución → Lilac
Chocolate + Dilución → Isabella
Chocolate + Cocoa → New Shade Chocolate
Chocolate + Cocoa + Dilución → New Shade Isabella

Ya no parece una colección caótica de nombres comerciales.

Empieza a parecer lo que realmente es:

un sistema de combinaciones genéticas.

Y todavía no hemos cambiado dónde aparece el color en el cuerpo.

Hasta ahora solo hemos estado cambiando qué color tiene la eumelanina.

Hasta ahora hemos cambiado el color. Ahora vamos a cambiar el dibujo.

 

Hasta este momento hemos trabajado casi exclusivamente con la eumelanina.

La hemos dejado negra, la hemos convertido en chocolate o cocoa, la hemos diluido y hemos combinado varias modificaciones.

Pero todavía falta otra parte fundamental de la genética del color:

decidir dónde aparece ese pigmento.

Porque una cosa es el color del pigmento y otra muy distinta es cómo se distribuye sobre el perro.

Aquí volvemos a encontrarnos con dos viejos conocidos: los loci K y A.

Y también recuperamos el segundo pigmento básico del perro: la feomelanina.

Hasta ahora nuestra protagonista había sido la eumelanina.

Ahora necesitamos las dos.

 

Fawn: volvemos al Bulldog clásico

 

Empecemos por algo que conocemos perfectamente en el Bulldog Francés:

Fawn — Leonado.

Aquí gran parte del manto está formada por feomelanina, que puede producir una gama muy amplia de tonos, desde leonados claros hasta colores mucho más intensos y rojizos.

Y sobre ese fondo podemos encontrar eumelanina en lugares concretos.

El ejemplo más evidente es la máscara negra.

Por eso un Bulldog Fawn puede tener máscara o no tenerla sin dejar de ser Fawn.

FAWN + máscara → FAWN CON MÁSCARA NEGRA

Ya estamos empezando a separar dos conceptos:

una cosa es el color y otra el patrón con el que aparece.

Y ahora vamos a utilizar esos mismos pigmentos de otra manera.

 

Brindle: mezclamos visualmente los dos pigmentos

 

El Brindle — Atigrado tampoco es un pigmento nuevo.

Es un patrón.

Aquí entra de nuevo en juego el locus K.

Sobre las zonas de feomelanina aparecen bandas de eumelanina, creando el característico aspecto atigrado.

Podemos simplificarlo así:

FAWN + BRINDLE → ATIGRADO

La cantidad de esas bandas puede variar muchísimo.

En algunos Bulldogs el fondo leonado se ve perfectamente entre las rayas oscuras.

En otros, la cantidad de eumelanina es tan grande que el perro parece prácticamente negro.

Y aquí encontramos una diferencia importante:

un Bulldog muy oscuro no tiene por qué ser genéticamente negro.

Puede ser simplemente un Brindle muy cerrado.

Pero ahora ya sabemos algo más.

Sabemos modificar la eumelanina.

Por tanto, si las bandas del Brindle están formadas por eumelanina, también podemos modificar el color de esas bandas mediante las mismas herramientas genéticas que acabamos de aprender.

La genética empieza a comportarse como un juego de capas.

Y ahora podemos pasar a otro patrón.

 

Tan: añadimos marcas

 

Las marcas tan aparecen en zonas bastante características: sobre los ojos, en las mejillas, en el pecho, en la parte inferior del cuerpo y en las extremidades.

Pero lo interesante para nosotros es que Tan no sustituye el color de la eumelanina.

Se combina con él.

Por eso podemos tener:

Black & Tan
Blue & Tan
Chocolate & Tan
Cocoa & Tan
Lilac & Tan
Isabella & Tan
New Shade Isabella & Tan

La posición de las marcas sigue respondiendo al patrón.

Lo que cambia es el color de la eumelanina que las rodea.

Nuestro viejo interruptor d/d, por ejemplo, no ha desaparecido.

Si diluimos la eumelanina negra de un Black & Tan:

BLACK & TAN + d/d → BLUE & TAN

Si modificamos esa eumelanina mediante Chocolate:

CHOCOLATE + TAN → CHOCOLATE & TAN

Y si combinamos Chocolate con dilución:

b/b + d/d + patrón tan → ISABELLA & TAN

Es decir, no necesitamos aprender cada uno de estos nombres como si fuese un color completamente nuevo.

Podemos leerlos por piezas:

ISABELLA + TAN

Una parte nos dice qué ha ocurrido con la eumelanina.

La otra nos dice cómo está distribuida sobre el perro.

 

Trindle: cuando Tan también se vuelve Brindle

 

Y ahora podemos combinar dos patrones que ya conocemos.

Imaginemos un Black & Tan.

Sabemos perfectamente dónde esperamos encontrar sus marcas tan: sobre los ojos, mejillas, pecho y extremidades.

Pero ¿qué ocurre si dentro de esas zonas aparece también el patrón Brindle?

Obtenemos:

TRINDLE

El nombre ya nos da una pista:

Tan + Brindle → Trindle

En lugar de presentar marcas tan uniformes, esas zonas muestran atigrado.

Y una vez entendido el mecanismo, tampoco necesitamos aprender cada Trindle como un color nuevo.

Podemos modificar nuevamente la eumelanina de base y obtener, por ejemplo:

Black Trindle
Blue Trindle
Chocolate Trindle
Lilac Trindle
Isabella Trindle

La lógica sigue siendo exactamente la misma.

Primero preguntamos:

¿qué eumelanina tenemos?

Después:

¿cómo está distribuida?

Y después:

¿qué otros patrones están actuando sobre ella?

Así, nombres que al principio parecen interminables empiezan a convertirse simplemente en una descripción genética construida por capas.

Y ahora sí podemos añadir otra capa completamente diferente.

Hasta ahora hemos distribuido los pigmentos.

La siguiente va a romper visualmente la eumelanina en zonas irregulares.

Merle: ahora empezamos a romper el color

 

Hasta ahora nuestros cambios eran bastante ordenados.

Podíamos transformar el negro en blue, chocolate, cocoa o isabella, y después decidir si aparecían marcas tan.

Con Merle ocurre algo diferente.

El locus M (PMEL17) no crea un pigmento nuevo. Actúa sobre la eumelanina que ya existe, haciendo que determinadas zonas pierdan intensidad mientras otras conservan el pigmento original.

El resultado es ese aspecto irregular y moteado tan característico del merle.

Por eso tampoco existe un único «color merle».

Existe merle sobre un color determinado.

Si partimos de eumelanina negra:

NEGRO + Merle → BLACK MERLE

Si antes hemos diluido el negro:

BLUE + Merle → BLUE MERLE

Si nuestra eumelanina es chocolate:

CHOCOLATE + Merle → CHOCOLATE MERLE

Y podemos seguir exactamente la misma lógica:

COCOA + Merle → COCOA MERLE

LILAC + Merle → LILAC MERLE

ISABELLA + Merle → ISABELLA MERLE

Y, naturalmente, podemos combinarlo también con el patrón tan:

BLUE & TAN + Merle → BLUE MERLE & TAN

ISABELLA & TAN + Merle → ISABELLA MERLE & TAN

De nuevo, los nombres empiezan a dejar de parecer complicados cuando los desmontamos.

Isabella Merle & Tan no es un misterioso color nuevo.

Es un perro en el que estamos leyendo varias capas de información:

Isabella → nos habla del color de la eumelanina.
Merle → modifica irregularmente esa eumelanina.
Tan → nos habla de su patrón de distribución junto con la feomelanina.

Es casi como trabajar con capas transparentes.

Primero construimos el color.

Después colocamos el dibujo encima.

Pero con Merle aparece además algo que no podemos pasar por alto.

 

Una copia y dos copias no son lo mismo

 

A diferencia de Chocolate, Cocoa o Dilución, aquí no estamos ante un simple mecanismo recesivo que necesite dos copias para hacerse visible.

Un perro con una copia de Merle puede mostrar el patrón:

M/m → Merle

Y esto hace especialmente importante saber qué estamos cruzando.

Porque cuando dos perros que llevan Merle se cruzan entre sí, existe la posibilidad de producir cachorros que hereden la variante de ambos progenitores.

El llamado double merle puede estar asociado a problemas importantes de audición y visión.

Por eso aquí el test genético deja de ser solamente una herramienta para predecir colores bonitos.

Se convierte también en una herramienta para evitar combinaciones de riesgo.

Y esta diferencia es fundamental.

Conocer genética no consiste únicamente en saber:

«¿qué color puedo producir?»

También significa saber:

«¿qué combinación no debo producir?»

Ahora podemos añadir otra capa completamente diferente.

Esta vez no vamos a diluir ni fragmentar el pigmento.

Vamos sencillamente a dejar zonas sin pigmentación.

 

Pied: cuando aparece el blanco

Hasta ahora hemos trabajado con zonas que tenían pigmento.

Con Pied ocurre algo distinto.

Aquí entra en juego el locus S, asociado al gen MITF, que interviene en la distribución de las zonas blancas.

Y conviene entender una cosa desde el principio:

el blanco no transforma el negro en blanco.

En esas zonas, sencillamente, el pigmento no llega a expresarse en el pelo.

Por eso podemos imaginar el patrón Pied como una especie de plantilla colocada encima del color que ya habíamos construido.

Debajo podemos tener negro:

BLACK + Pied → BLACK PIED

Pero podemos cambiar primero la eumelanina y conservar después el mismo principio:

BLUE + Pied → BLUE PIED

CHOCOLATE + Pied → CHOCOLATE PIED

COCOA + Pied → COCOA PIED

LILAC + Pied → LILAC PIED

ISABELLA + Pied → ISABELLA PIED

El mecanismo que produce las zonas blancas no necesita saber si debajo había negro, blue o chocolate.

Simplemente modifica dónde aparece la pigmentación.

Y aquí nuestra idea de las capas vuelve a funcionar perfectamente.

Podemos incluso acumularlas.

Un perro puede tener un color de eumelanina determinado, marcas tan, Merle y además zonas blancas.

Por ejemplo:

BLUE + TAN + MERLE + PIED

Parece un nombre interminable.

Genéticamente resulta mucho menos aterrador si lo desmontamos:

Blue → la eumelanina está diluida.
Tan → existe un patrón de distribución entre eumelanina y feomelanina.
Merle → determinadas zonas de eumelanina se modifican.
Pied → determinadas zonas quedan blancas.

No son cuatro colores metidos dentro del mismo perro.

Son varios mecanismos genéticos actuando unos sobre otros.

Y precisamente por eso dos Bulldogs con una cantidad de blanco parecida pueden esconder debajo genéticas de color completamente diferentes.

Pero todavía podemos hacer algo más sorprendente.

Hasta ahora hemos modificado, distribuido, fragmentado e incluso eliminado visualmente pigmento en determinadas zonas.

¿Qué ocurrirá si utilizamos un gen capaz de ocultar prácticamente toda esa construcción que acabamos de hacer?

Cream: cuando la genética esconde sus propias cartas

 

Hasta ahora casi toda nuestra paleta dependía de una pregunta:

¿qué hacemos con la eumelanina?

La dejamos negra, la convertimos en chocolate o cocoa, la diluimos, la distribuimos en determinados patrones o la modificamos con Merle.

Pero el locus E (MC1R) puede cambiar completamente el juego.

Cuando un Bulldog hereda dos copias de la variante recesiva e/e, la eumelanina deja de expresarse en el pelo.

Y el perro puede verse cream, independientemente de buena parte de la genética de eumelanina que lleve escondida debajo.

e/e → CREAM

Aquí está lo divertido.

Un Bulldog cream puede ser genéticamente:

B/B · CO/CO · D/D

pero también puede esconder:

b/b

o:

co/co

o:

d/d

e incluso combinaciones de varios de ellos.

A nuestros ojos, el perro continúa siendo cream porque e/e está impidiendo que veamos en el pelo toda esa información relacionada con la eumelanina.

Por eso Cream funciona estupendamente para entender un concepto importantísimo en genética:

un gen puede enmascarar el efecto visible de otros genes.

A esto lo llamamos epistasis.

Y significa que dos Bulldogs prácticamente iguales por fuera pueden ser completamente diferentes por dentro.

Uno puede ser simplemente cream.

Otro puede ser, genéticamente, blue bajo el cream.

Otro puede esconder chocolate.

Otro, cocoa.

Y otro puede llevar una combinación mucho más compleja.

Pero aquí tenemos una pista.

Aunque e/e oculte la eumelanina en el pelo, no necesariamente borra toda la información visible del pigmento en otras zonas.

La trufa, los labios, los bordes de los párpados y las almohadillas pueden ayudarnos a sospechar qué está ocurriendo debajo.

Y eso nos lleva a uno de los nombres que más confusión provoca cuando empezamos a estudiar los colores modernos del Bulldog Francés:

 

Cream no es lo mismo que Platinum

 

Un Platinum también puede parecernos exteriormente un perro muy claro.

Pero el nombre no describe simplemente «un cream más blanco».

En la terminología utilizada para estos colores, hablamos de Platinum cuando el e/e está ocultando una base genética diluida o modificada que también se refleja en la pigmentación.

Así podemos encontrarnos con denominaciones como:

Blue Platinum
Chocolate Platinum
Lilac Platinum
Isabella Platinum
New Shade Isabella Platinum

Y aquí vuelve a funcionar nuestra forma de desmontar los nombres.

Platinum no es otra lata de pintura.

Es el resultado visible de una combinación en la que Cream está tapando una genética que sigue existiendo debajo.

El perro puede parecernos casi blanco.

Pero su ADN recuerda perfectamente de qué color habría sido si e/e no hubiese bajado el telón.

Y todavía nos queda otra pieza muy curiosa de la paleta moderna.

Porque podemos llevar la reducción de pigmentación mucho más lejos.

Pink: cuando casi desaparece la pigmentación

 

Y aquí llegamos a uno de los extremos de nuestra paleta.

Hasta ahora hemos cambiado el tono de la eumelanina, la hemos diluido, ocultado o distribuido de diferentes maneras.

Con Pink damos un paso más.

En estos Bulldogs la reducción de pigmentación puede ser tan intensa que la trufa, los labios, los bordes de los párpados y otras zonas que normalmente utilizaríamos como pistas del color aparecen extremadamente claros, rosados o prácticamente despigmentados.

Y nuevamente, Pink no significa que exista un pigmento rosa.

El rosa que vemos es, en realidad, consecuencia de la enorme reducción de pigmentación que permite que los tejidos subyacentes sean mucho más visibles.

Por eso no debemos imaginar:

negro → marrón → azul → rosa

como si estuviéramos mezclando pinturas.

Estamos acumulando mecanismos genéticos que afectan de distintas maneras a la producción, modificación y expresión del pigmento.

Y aquí conviene detenernos un momento.

Porque cuanto más nos alejamos de los colores clásicos, menos útil resulta intentar identificar toda la genética solamente mirando al perro.

Un Bulldog extremadamente claro puede esconder debajo una combinación sorprendentemente compleja.

El aspecto exterior nos da pistas.

El ADN nos da la respuesta.

Albinismo: cuando el problema no es el color, sino la producción de pigmento

 

Y todavía nos queda un caso especial que no debemos confundir con Cream, Platinum, Pink ni con un perro simplemente muy blanco:

el albinismo.

Hasta ahora hemos jugado con genes que modifican la eumelanina, la diluyen, cambian su distribución o incluso impiden que aparezca en determinadas zonas.

En el albinismo ocurre algo diferente.

Aquí hablamos de alteraciones genéticas que afectan a la producción normal de melanina.

Por eso un perro albino no es simplemente «un Bulldog blanco».

Tampoco es un Cream extremadamente claro.

Y no debemos identificar albinismo únicamente porque veamos mucho color rosa en la piel.

En el Bulldog Francés se ha descrito una variante recesiva asociada al gen SLC45A2, relacionada con oculocutaneous albinism (OCA).

Como ocurre con otros rasgos recesivos, podemos simplificar la herencia así:

N/N → no afectado y no portador de esta variante.
N/alb → portador, sin expresar albinismo.
alb/alb → albinismo.

Cuando el perro hereda dos copias de la variante, la producción de melanina queda fuertemente alterada.

Y aquí aparece una diferencia fundamental con todo lo que acabamos de estudiar.

Un Bulldog Cream puede tener e/e y seguir produciendo eumelanina en otras partes del cuerpo, aunque no la veamos en el pelo.

Un Pied puede tener enormes zonas blancas, pero conserva pigmentación normal en las zonas coloreadas.

Un Platinum puede esconder debajo una genética de eumelanina perfectamente identificable.

En un perro con albinismo, en cambio, el propio mecanismo de producción de melanina está afectado.

Por eso pueden aparecer una pigmentación extremadamente reducida en pelo, piel, trufa y ojos, junto con una marcada sensibilidad a la luz.

Y esto también explica por qué blanco, cream, platinum, pink y albino no son sinónimos.

Pueden producir perros visualmente muy claros.

Pero llegan hasta allí por caminos genéticos completamente diferentes.

Y aquí nuestra paleta termina de enseñarnos quizá su lección más importante:

dos perros pueden parecer del mismo color y no ser genéticamente iguales.

Y dos perros con genes muy parecidos pueden terminar pareciendo completamente diferentes.

Y todavía nos faltan los modificadores

 

A estas alturas nuestro pobre Bulldog negro ha pasado por casi todo.

Lo hemos convertido en Blue, Chocolate, Cocoa, Lilac, Isabella y New Shade.

Le hemos añadido Tan.

Lo hemos convertido en Merle.

Le hemos colocado zonas blancas con Pied.

Y finalmente hemos aprendido que Cream puede ocultar buena parte de todo lo anterior.

Pero aún quedan características que aparecen constantemente en la paleta moderna y que no encajan simplemente en la pregunta «¿de qué color es?».

Por ejemplo:

Maskless.

Porque también podemos modificar algo tan concreto como la máscara del Bulldog.

 

Maskless: quitamos la máscara

 

Volvamos otra vez al locus E.

Además de intervenir en la expresión de la eumelanina, este locus participa en otro rasgo muy familiar para cualquiera que conozca al Bulldog Francés: la máscara oscura del hocico.

La variante asociada a la máscara puede hacer que la eumelanina se concentre precisamente en esa zona de la cara.

Cuando esa máscara no se expresa, hablamos de un perro Maskless.

Y, como ya hemos aprendido, Maskless tampoco tiene por qué ser un color independiente.

Puede combinarse con la base que tengamos debajo.

Así que otra vez podemos leer el nombre por capas:

color de base + modificadores + patrón + máscara o ausencia de ella.

A estas alturas ya podemos mirar una denominación aparentemente monstruosa y, en lugar de memorizarla, empezar a desmontarla pieza por pieza.

Y eso era precisamente lo que queríamos conseguir.

Porque la enorme paleta moderna del Bulldog Francés deja de parecer caótica en cuanto entendemos una regla muy sencilla:

primero construimos el pigmento, después lo modificamos y finalmente decidimos dónde y cómo se expresa.

Entonces, ¿por qué parece tan complicada la genética de los colores modernos?

 

Porque normalmente la vemos al revés.

Vemos primero el resultado final:

New Shade Isabella Merle & Tan Pied

y pensamos: «Madre mía. ¿Cuántos colores tiene este perro?» 😄

Pero si empezamos desde el principio, ya sabemos desmontarlo.

No es un único color misterioso.

Es una construcción por capas.

b/b → modifica la eumelanina hacia Chocolate.
co/co → añade Cocoa.
d/d → diluye esa eumelanina.

La combinación:

b/b + co/co + d/d → NEW SHADE ISABELLA

Ya tenemos nuestro color de base.

Después podemos añadir:

Tan → modifica el patrón de distribución.
Merle → actúa sobre determinadas zonas de eumelanina.
Pied → introduce zonas blancas.

Y de repente aquel nombre interminable deja de dar miedo.

No necesitamos memorizar cientos de colores.

Necesitamos entender unas cuantas piezas y aprender a combinarlas.

 

El mismo gen puede producir resultados visuales diferentes

 

Y aquí aparece otra consecuencia muy importante.

Ya hemos visto que:

d/d sobre negro → Blue

Pero d/d no significa Blue.

Significa dilución.

Si lo aplicamos sobre Chocolate:

Chocolate + d/d → Isabella

Si lo aplicamos sobre Cocoa:

Cocoa + d/d → Lilac

Y si antes hemos combinado Chocolate y Cocoa:

New Shade Chocolate + d/d → New Shade Isabella

Por eso decir simplemente «este perro tiene el gen blue» no es demasiado preciso.

No existe un pequeño gen cuya única misión sea fabricar Bulldogs azules.

Existe una variante genética que diluye el pigmento sobre el que está actuando.

Lo mismo sucede con Merle.

Merle no nos dice cuál era el color original del perro.

Nos dice qué está ocurriendo con determinadas zonas de su eumelanina.

Y Pied tampoco nos dice qué color hay debajo de las zonas blancas.

Cada pieza responde a una pregunta diferente.

 

Genotipo y fenotipo: ahora ya podemos ver la diferencia

 

Al principio mencionamos dos palabras:

genotipo y fenotipo.

Ahora ya podemos entender perfectamente por qué son tan importantes.

El fenotipo es lo que vemos.

El genotipo es la información genética que hay detrás.

Un Bulldog negro puede ser:

B/B · CO/CO · D/D

y otro Bulldog aparentemente igual puede ser:

B/b · CO/co · D/d

Los dos pueden parecernos negros.

Pero si los utilizamos en cría, no son genéticamente equivalentes.

Y también puede ocurrir exactamente lo contrario.

Dos perros pueden parecernos bastante diferentes y compartir buena parte de su genética, diferenciándose solamente en una o dos piezas.

Por eso la genética del color cambió tanto la cría moderna.

Antes, gran parte de la selección se hacía observando lo que había delante de los ojos y estudiando lo que habían producido padres, abuelos y generaciones anteriores.

Hoy podemos mirar también lo que no vemos.

Un simple informe de ADN puede revelar colores que el perro porta sin expresarlos y permitir calcular combinaciones antes incluso de realizar un cruce.

Y aquí volvemos exactamente al punto donde empezamos este artículo.

 

Los genes son los mismos. Lo que cambia es lo que buscamos.

 

Para un criador que trabaja estrictamente dentro del estándar FCI, conocer todos estos genes puede servir

para evitar determinadas combinaciones.

Para otro criador, que trabaja con colores modernos, el mismo resultado genético puede servir precisamente para construirlas. Uno mira:

b/b · co/co · d/d   y piensa: «Esto no quiero producirlo.»

 

El otro mira exactamente las mismas letras y piensa: «New Shade Isabella. Perfecto.»

La genética no ha cambiado. Ha cambiado el objetivo de selección.

Y quizá ahí esté la verdadera diferencia entre esos dos mundos del Bulldog Francés que hoy parecen tan alejados.

No son dos genéticas.

Es la misma genética utilizada en dos direcciones diferentes.

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